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Ves la Trinidad si ves el amor (S. Agustín).

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El miércoles pasado una madre de familia mostraba su preocupación ante las preguntas de su hija sobre la Santísima Trinidad; decía: "Lo de Jesús, bien; pero lo del Padre y el Espíritu ¿cómo se lo explico yo?". Una catequista que se hallaba presente dijo: "La Trinidad no se puede explicar racionalmente... que tu hija no deje de ser amiga de Jesús porque Él le irá mostrando al Padre y le dará el regalo del Espíritu Santo en su momento".

Es cierto: El Dios de Jesús es Trinidad, es familia. "Todo lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará". Jesús habla del Padre con la confianza y el amor obediente del Hijo porque "Yo y el Padre somos uno". Qué bien lo expresa San Juan en el Prólogo de su Evangelio: "A Dios nadie le ha visto jamás; el hijo Único nos le ha dado a conocer". ¡Qué buena respuesta dio la catequista el otro día!

¿Cómo te representas a Dios? ¿Tienes que corregir la imagen que tienes de Dios?. ¿Qué experiencias de Dios te han marcado más en tu educación cristiana?. Si piensas que Dios vigila y castiga, ese no es el Dios de Jesús. Si piensas que para Dios la existencia de los pobres es inevitable, ese no es el Dios de Jesús. Si piensas que Dios no se entera de lo que pasa en el mundo y no le importa el sufrimiento de los inocentes, ese no es el Dios de Jesús.

La experiencia de Jesús le llevó a afirmar a San Agustín que Dios "está más íntimo a mí que yo mismo" porque "al que me ama -dice Jesús- mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él". Somos Templos de Dios y su gloria reside en que el hombre viva.

Dios Padre en ti protegiéndote, regalándote. Dios Hijo en ti, amigo, maestro, médico, alimento. Dios Espíritu Santo en ti, enamorándote para que seas testigo de esta fuente de vida que es la Trinidad.

El icono de Rublev es una invitación irresistible a entrar en la intimidad de los tres ángeles (Trinidad) y sentarte a la mesa como uno más de la familia. Cuando pintó este icono, Rusia estaba atormentada por invasores; así invitó a sus contemporáneos a resistir, a no perder su alma profunda.

Hoy estamos invadidos de muchas fuerzas que hacen difícil el encuentro liberador con Dios... sólo la experiencia de que Dios nos ama da un nuevo rumbo a nuestra vida y convivencia. No tengamos miedo, abramos el corazón al Dios de Jesús y nacemos de nuevo las personas como inicio del Reino de Dios en la sociedad. Es real si crees.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Jueves 23 de mayo de 2013, por Parroquia Nuestra Señora del Espino


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