Dichosos los que crean sin haber visto

Dichosos los que crean sin haber visto

Somos Buena Noticia si nadie ni nada nos quita la alegría


La alegría de la Pascua ¿cambia nuestra vida?… ¿Sirven para algo las celebraciones fervorosas de estos días?… Y ahora ¿qué?

Para responder podemos hacer memoria de lo que sucedió a los Apóstoles cuando experimentaron que el Crucificado estaba vivo. El miedo ya no les paralizaba. Su vida era el mejor testimonio de lo que anunciaban: «Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común» (Hch. 2, 44). Predicaban con valentía que el crucificado ha resucitado, que en su nombre se nos perdonan los pecados y, con el Espíritu del Resucitado, sanan, curan los corazones desgarrados y liberan a los oprimidos: el paralítico del Templo «aparece sano ante vosotros en virtud del nombre de Jesucristo nazareno» (Hechos 4,10).

Es necesario que nos preguntemos si nuestra vida personal y comunitaria es Buena Noticia de Pascua. En Domingo, Juan recibió la primera revelación recogida en el Apocalipsis: «No temas; yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves de la muerte y del infierno» (Ap.1,18). Nuestra vida es Buena Noticia si nos habita esta certeza, si Jesús Resucitado es nuestro Señor, si nuestra historia tiene como principio y fin a Jesús.

Somos Buena Noticia si las puertas del miedo se abren y entra el Sol, Luz del mundo que vence la noche; en esa hora la casa común es hogar de todos; en comunidad recuperamos la fe, como Tomás que se encontró con el Señor en medio de la casa, centro de las miradas y piedra angular de la nueva fraternidad: «Señor mío y Dios mío»… «dichosos los que crean sin haber visto». (Jn 20, 27-29). ¿Pueden decir de nosotros: «Mirad cómo se aman»?

Somos Buena Noticia si nadie ni nada nos quita la alegría; si ya no tenemos miedo y no volvemos a cerrar las puertas; si nuestra comunión es Cristo y volvemos a poner en común la palabra, los panes y los peces, las alegrías y penas; si no nos guardamos la fe y la comunicamos porque no podemos esconder la Luz. El Espíritu que hemos recibido es para compartirlo. Jesús había sido ungido y enviado a curar enfermos, liberar cautivos y dar a los pobres esperanza. Esto mismo podemos hacer sus discípulos con el aliento del Espíritu.

Escribe J. L. Martín Descalzo: «Contigo el sol es luz enamorada y contigo la paz es paz florida…Pues si me faltas Tú, no tengo nada: ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida». Es la Buena Noticia de la Pascua.

Jaime Aceña Cuadrado cmf.